Vicedirección

«Citius, altius, fortius»

Escrito por: Javier Ramírez Santos

Amanece.

La amarga decepción que supusieron las lluvias en diciembre y febrero había desteñido las expectativas con que originalmente se había acogido la celebración. Pero curiosamente, y verificando por enésima vez el refrán “A la tercera va la vencida”, la brisa fresca de la mañana trajo consigo un cielo ampliamente despejado. Efectivamente, tras desayunar y una corta caminata hacia el instituto, el sol se elevó, sin nubes presentes, en el lienzo celeste.

 

Después de una distendida clase de “Matemáticas Parlanchinas”, salimos a contemplar cómo los alumnos se distribuían por los diversos patios, cuyas líneas adquirían ahora más significado que nunca. Habían comenzado las I Jornadas Deportivas.

 

 

El sol trajo consigo la diversión de muchos alumnos que participaron en diversos deportes: baloncesto, ping-pong, voleibol, balonmano, fútbol,… siendo lógicamente este deporte el “rey” de la fiesta. Reservados los campos de fútbol, comenzaron temprano los partidos de diversas clases, mostrando una clara ventaja de los más experimentados en la materia.

En los patios del centro, se tiznaban de rojo las zapatillas de aquellos (o, mejor dicho, aquellas) que, a golpe de muñeca, trataban de colar balones en el interior de las porterías, y de tantos otros que lo intentaban en aros de metal. Bajo techo, se enrojecían no los zapatos sino los antebrazos de quienes defendían el suelo de su pista de un contacto con el balón, pudiendo así desviar una ocasión más de ser marcados. Discurriendo entretenidamente los juegos, pusimos rumbo al terreno de caucho para contemplar la calidad de juego de nuestros compañeros.


No habrían dado las diez del día, cuando un grupo de hombres entró, bajo el rumor de los alumnos, por la puerta del campo de fútbol, desfilando a su cabeza un grupo de veteranas animadoras por los alumnos tan conocidas. Pelucas verde fosforescente en mano –sintiendo posteriormente las consecuencias- saltaban y coreaban a voz en grito cánticos futboleros típicos del Mundial de Fútbol.

Y comenzaron a mover el balón, contando en los primeros minutos con la lesión de Jose María,  que se vio forzado a abandonar el terreno de juego. Jugando en la banda se destacó la labor de Ernesto y Pablo, los cuales se encontraron gratamente ensombrecidos por la labor de Alfonso, que hacía milagros con el balón campo arriba, convirtiéndose rápidamente en pichichi del equipo (solo superado por jugadores de 2º de Bachillerato, que marcaban goles a diestro y siniestro). Hablan las malas lenguas de cierto favoritismo por parte de los jóvenes árbitros… Envidia, creo yo. Si el árbitro dice que es falta, lo es, si no, no…


Y tras la indiscutible victoria del torneo por parte del equipo cuyo título coreaban las animadoras al grito de “¡Profesores, profesores!”, después de haber pasado una mañana tomando el sol a la suave brisa levantina que recorría el campo, salimos de allí para contemplar la excelente labor de dos alumnos del instituto disputándose la final del torneo de pimpón bajo la atónita mirada y las risas de incredulidad de alumnos y profesores -entre los que pudimos encontrar a Rafa, Salvador y Miguel Ángel. A golpe de raqueta y con una espeluznante agilidad, alardearon ambos de fuerza y puntería. Tras la victoria de uno de los gemelos –me resultaría imposible decir quién, sinceramente-, dimos por concluida la jornada, esperando el final del día disfrutando del Sol en el patio.